¿Puedo ir con un socio o con quien lleva la administración?
Sí, si esa persona aporta datos o decide. Si solo observa, preferí que esté quien firma precios y gastos. Tres voces sin mandato alargan los 90 minutos y aflojan el escrito.
La primera reunión
La revisión inicial dura 90 minutos y se paga antes o al reservar, según lo que acordemos por escrito. No es una entrevista comercial disfrazada. Es una sesión de trabajo sobre tus números. Yo llego habiendo leído lo que mandaste. Vos llegás sabiendo qué decisión querés sacar de esa mesa.
Antes hay una conversación breve, sin costo, para ver si el encaje existe y qué material conviene enviar. Durante los 90 minutos recorremos el negocio, la caja, los precios y la decisión cercana. Después te mando un escrito de dos o tres páginas. Ese escrito es el entregable. Si no lo aplicás, el trabajo igual está hecho: tenés un orden para volver cuando puedas.
Se puede hacer en Av. Corrientes 1386, piso 7, oficina B, o por video. En los dos casos pido que estemos sin interrupciones. Un llamado cada diez minutos parte la reunión y no recupera el hilo.
La preparación te lleva, en la mayoría de los casos, entre 45 y 90 minutos. No pido un informe. Pido los archivos que ya usás, aunque estén incompletos. Si algo no existe, lo anotamos y lo reconstruimos en la reunión. Mandar de más no ayuda: tres planillas vivas valen más que una carpeta de tres años.
Ventas de las últimas 8 a 12 semanas. Por semana o por mes, como las tengas. Si vendés por canal, mejor separado. Sirve para ver estacionalidad corta y no un promedio que esconde el mes flojo.
Lista de precios actual. Productos, servicios u honorarios. Si hay descuentos habituales, los anotás al lado. El precio de lista solo no cuenta si en el mostrador se vende de otra manera.
Costos que salen de caja. Mercadería, sueldos, alquiler, servicios, software, fletes, comisiones. El extracto ayuda cuando la planilla está atrasada. El retiro que vos te llevás también entra, aunque no esté formalizado.
Deudas y cobros pendientes. Lo que te deben y lo que debés, con fechas si existen. Una caja que “cierra” y una deuda que vence la semana siguiente son dos fotos distintas.
La decisión que tenés cerca. Un párrafo alcanza: contratar, subir un precio, abrir, cerrar una línea, mudar el local. Esa frase ordena los 90 minutos. Sin ella, la reunión se pone descriptiva y rinde menos.
El tiempo está partido a propósito. Si una parte se estira, recorto otra. Prefiero salir con tres prioridades claras a cubrir todos los temas a las apuradas.
Minutos 0 a 15 · El negocio en voz alta. Rubro, gente, locales o canales, y cómo se toma hoy una decisión de precio o de gasto. Yo escucho y marco contradicciones con lo que mandaste. No es una biografía: es el marco para leer los números.
Minutos 15 a 45 · Caja, costos y punto de equilibrio. Armamos, con lo que hay, cuánto necesita el mes para no ahogarse. Si un número falta, lo estimamos y lo dejamos escrito como supuesto. Ahí se ve si el problema es ingreso, costo o timing de cobro.
Minutos 45 a 75 · Precios y la decisión cercana. Abrimos la lista o dos o tres cotizaciones recientes. Cruzamos margen con la decisión que trajiste. Si la cuenta no aguanta contratar, se dice acá, no en un párrafo suave al final.
Minutos 75 a 90 · Prioridades. Tres acciones, un orden y lo que queda fuera. Vos confirmás si ese orden se puede ejecutar con el tiempo que tenés. Yo anoto las frases que van a ir al escrito para que no haya sorpresas.
El escrito llega dentro de los cinco días hábiles. Tiene dos o tres páginas. Incluye el marco del negocio, los supuestos que usamos, las tres prioridades, y una sección breve de “qué no hacer ahora”. Si un número quedó estimado, va marcado como estimado. No disfrazo una hipótesis de dato.
Con ese texto podés sentarte con un socio, con quien lleve la administración o con tu estudio contable. También podés no hacer nada una semana y volver. El valor está en el orden, no en que yo te persiga. Si querés aplicar conmigo, el siguiente formato se cotiza aparte: trimestre, taller o tablero.
Durante diez días podés mandarme preguntas sobre el escrito. No reabro el caso entero por mail. Aclaro lo que quedó ambiguo. Si aparece un dato nuevo que cambia la cuenta, lo decimos y, si hace falta, coordinamos un encuentro extra.
Traé lo que ya tengas: un diagnóstico, un tablero, una lista de tareas. No empiezo de cero por capricho. Miro qué se aplicó y qué quedó en el archivo. Muchas veces el trabajo útil es recortar. Un plan de veinte frentes no se sostiene en un negocio donde el dueño también atiende el mostrador. En la reunión vamos a marcar tres cosas y a dejar el resto quieto a propósito.
No hace falta un vocabulario especial. Hace falta que puedas abrir los números y decir qué te está costando decidir. Yo hago las preguntas. Si un término no se entiende, lo cambio. La reunión se parece más a sentarse con alguien que lee una planilla en voz alta que a una exposición. Vas a hablar más de tu semana que de teoría.
Sí, si esa persona aporta datos o decide. Si solo observa, preferí que esté quien firma precios y gastos. Tres voces sin mandato alargan los 90 minutos y aflojan el escrito.
Los usamos igual. Parte de la reunión es reconstruir. Si el desorden es total y no hay extractos ni ventas, te lo digo en la llamada previa y postergamos hasta que exista una base mínima.
Sí. Pedí que compartas pantalla con la planilla. El escrito es el mismo. La calidad depende de que no haya interrupciones y de que los archivos estén abiertos al empezar.
Está bien. El entregable de la revisión es el escrito. No hay renovación automática ni un paquete que se active solo. El resto de los formatos se cotizan si los pedís.
Escribime el rubro, una idea del tamaño y la decisión que tenés cerca. Coordinamos la llamada previa y, si hay encaje, la fecha de la revisión.
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